¿Es buen momento para viajar a Argentina?

Los recientes acontecimientos en Argentina contra intereses españoles (la expropiación de las acciones de la española REPSOL en la porteña YPF, por ejemplo) nos llevan a plantearnos esta pregunta ante una creciente espiral antiespañola que se está viviendo en el país argentino, orquestada claramente desde el gobierno de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner que está apuntando directamente contra los españoles en una estrategia populista, típicamente peronista, en la que es necesario buscar un enemigo exterior para justificar las consecuencias económicas de una desastrosa política interior en todos los órdenes.

Ahora le ha tocado a los españoles, pero hace unos meses le volvió a tocar a los británicos con el manido tema de Las Malvinas y el reclamo de su soberanía por parte de Argentina, un reclamo que, curiosamente, se reaviva en los tiempos de crisis del país porteño de forma recurrente y que llegó a conducir a Argentina a una guerra en 1982 con Gran Bretaña que condujo a los argentinos al desastre. Y es que, con aquellos antecedentes frente a uno de los ejércitos más poderosos del Planeta, Cristina Fernández pronto envainó la espada contra el inglés para apuntar hacia otro objetivo más seguro y fácil de lograr: los intereses españoles en Argentina.

No cabe duda de que Argentina puede hacer de su capa un sayo con sus recursos naturales, estando en todo el derecho para hacer lo que ha hecho. Sin embargo, no es menos cierto que la intervención de YPF se ha hecho de la forma menos apropiada y con un claro talante agresivo exclusivamente hacia REPSOL por ser española. Ahora no son ni los “yanquis” ni los ingleses: son los españoles. Pudiendo haber hecho una “OPA” para adquirir el capital de REPSOL, que es como actúan los países civilizados, o pudiendo haber expropiado parte de las acciones de REPSOL y parte de las acciones de, por ejemplo, la Familia Eskenazi, lo cierto es que la Presidenta de Argentina optó por lo más populista que era acusar de todos los males energéticos de Argentina a REPSOL y a los españoles (ampliamente calificados como “colonialistas” en los cenáculos kirchneristas en los últimos días), todo ello aderezado con burlas hacia las instituciones españolas y el maltrato hacia los empleados de REPSOL, expulsados como delincuentes de la sede de YPF horas después de la expropiación.

Y es que el matonismo del que hace gala Cristina Fernández, equiparable al de Chávez en Venezuela, necesita de un chivo expiatorio que en estos momentos es España, algo que amenaza con aumentar dado que los intereses empresariales españoles en Argentina son muchos (España es el país con más inversiones en el país porteño) y la errática y desastrosa política económica y social de la Presidenta Argentina necesita de más dinero para subsidiar un país que se dirige inexorablemente a la ruina. Así pues, España y los españoles están en el punto de mira del peronismo y de sus jóvenes cachorros agrupados en “La Cámpora”, una oscura organización juvenil equiparable en sus modos y formas a las “SA” de la Alemania nazi, con una cabeza visible llamada Áxel Kicillof, un joven Viceministro de Economía, de claras convicciones marxistas y cuyo único mérito en política económica ha sido arruinar a “Aerolíneas Argentinas” tras robárselas directamente al español “Grupo Marsans”. Y es que de robo se puede hablar sin temor a equivocarse, tal y como lo hace el contundente editorial de “The Wall Street Journal”, un robo y un expolio en una historia de mentiras oficiales, tantas veces repetidas en la historia Argentina y que hoy tiene como víctima a los españoles como cabezas de turco del momento.

Se ha dicho desde el oficialismo argentino que la expropiación de REPSOL se justifica por la falta de inversiones de la compañía española y el vaciamiento de YPF, repartiéndose beneficios desde REPSOL sin reinvertir, afirmaciones que ocultan la verdad de un país acostumbrado a la corrupción y al pillaje como enseña y costumbre de sus políticos. De no haberse invertido en tecnología no se hubiesen descubierto yacimientos como el goloso “Vaca Muerta”, ocultándose al mismo tiempo que fue la Familia Kirchner la que obligó a REPSOL a destinar el 90% de sus beneficios a dividendos para enriquecer a sus buenos amigos los Eskenazi. Toda una historia de corrupción y expolio institucional a los argentinos que no es ajeno a la Historia del país.

Así las cosas, la deriva populista y nacionalista de Argentina que ha situado en su punto de mira a los españoles, desaconseja en todo punto, por lo menos durante algún tiempo, a viajar a aquel país, un país, por lo demás, en el que el desavastecimiento alimentario, el incremento de la delincuencia callejera y de la violencia, la asistencia sanitaria de mala calidad, la escalada inflacionista y de precios de una economía que se acerca a pasos agigantados a la de la Cuba de los Castro, y en el que, desde luego, los españoles son cada vez menos bienvenidos.

En cualquier caso, existen otros destinos muy cerca de Argentina y de gran atractivo, como es el caso, por ejemplo, de Chile o Perú, países en los que los españoles no somos utilizados con fines políticos ni se fomenta el odio contra nosotros. Habrá que esperar acontecimientos, pero, por lo pronto, no resulta recomendable viajar a Argentina en estos momentos, un país carente de seguridad jurídica y en el que cualquier cosa puede pasar en cualquier momento, especialmente si se es español; podemos vernos atrapados en una desagradable situación que es más que recomendable evitar a la vista de la Historia reciente de un país convulso y especialmente inestable.

¿Se necesita visado para viajar al Reino Unido?


La mayoría consideraréis esta pregunta sencillamente como un verdadero disparate, ya que la mayoría partís de la idea de que, como ciudadanos de la Unión Europea, podemos circular libremente por todos los países de la Unión sin necesidad de visado alguno en nuestro pasaporte, simplemente con nuestro DNI o pasaporte español en virtud del principio de la libre circulación de personas que rige en el Derecho Comunitario.

Según reza el Derecho Comunitario, los familiares de los ciudadanos de la Unión Europea gozan de los mismos derechos (excepto los políticos) que éstos últimos, por lo que, en principio, por ejemplo, el esposo o la esposa de un ciudadano español con su NIE en régimen comunitario por ser familiar de ciudadano de la Unión puede moverse libremente por cualquier país miembro de la Unión Europea sin necesidad de ningún tipo de visado. Efectivamente, así lo indica la normativa comunitaria y así es en el caso de que ese familiar de ciudadano comunitario quiera viajar a la mayoría de los países miembros de la Unión, salvo que se trate de viajar al Reino Unido (también en el caso de Irlanda).

Pero, ¿si la normativa comunitaria es tan clara al respecto, por qué esas excepciones en el caso del Reino Unido y también en el caso de Irlanda? La realidad es que la normativa comunitaria no permite ese tipo de excepciones y no deberían producirse, ya que la exigencia de visado a los familiares de comunitarios que residen en cualquier país de la Unión Europea en régimen comunitario supone una clara discriminación que vulnera el Derecho Comunitario. Sin embargo, el problema radica en que, junto al concepto de “Unión Europea”, existe otro concepto en el que se amparan las autoridades británicas para exigir el visado vulnerando, en principio, el Derecho Comunitario: el “Espacio Schengen”.

En la Unión Europea rige el principio de la libre circulación de personas y de establecimiento, libertades éstas que amparan el que a los ciudadanos de la Unión no se les exija visado para viajar y establecerse en cualquiera de los países miembros de la Unión Europea, ni tampoco, por extensión, a sus familiares que residen legalmente con ellos en esos países. Sin embargo, junto al espacio de libre circulación que es la Unión Europea, existe también un espacio de seguridad llamado “Espacio Schengen”, el cual se establece en virtud del llamado “Acuerdo de Schengen” firmado el 14 de junio de 1985 entre algunos países miembros de la Unión Europea, así como otros países ajenos a la Unión, un Tratado Internacional que tenía por objetivo armonizar determinados aspectos de los controles fronterizos externos de la Unión Europea, así como establecer una zona de libre circulación con la supresión de las fronteras comunes de los países firmantes. Mediante este acuerdo, los Estados suprimieron los controles de las fronteras comunes, potenciando sus fronteras externas a fin de obstaculizar la inmigración ilegal de nacionales de Estados no miembros de la Unión Europea; no habrá, pues, fronteras interiores. Además los Estados se comprometen a armonizar sus normativas sobre prohibiciones y restricciones y a adoptar las medidas necesarias para salvaguardar la seguridad.

Hasta ahí todo bien, ya que el “Acuerdo de Schengen” venía a reforzar el principio de la libre circulación de personas dentro de la Unión, incluidos los familiares de ciudadanos comunitarios. Sin embargo, el problema es que no todos los países de la Unión se acogieron al “Acuerdo de Schengen”, como fue el caso del Reino Unido e Irlanda, sino sólo a los aspectos relativos a la cooperación policial y judicial, por lo que estos países podían excepcionar la libertad de circulación y supresión de fronteras interiores en determinados casos. Así, por ejemplo, si un ciudadano peruano obtenía un visado Schengen para viajar a España, ello también le habilitaba para viajar por cualquier país que formara parte del Espacio Schengen, con independencia de que ese otro país formara o no parte de la Unión Europea, pero no así en el caso del Reino Unido o de Irlanda, ya que estos países no forman parte del Espacio Schengen en su totalidad, sino sólo en algunos aspectos relativos a la cooperación policial y judicial que no se extienden a la libre circulación de personas, por lo que dichos países pueden (y así lo hacen) exigir un visado para entrar en sus fronteras a ese ciudadano peruano que obtuvo un visado Schengen, a pesar de tratarse de países de la Unión Europea, ya que estos países no forman parte del Espacio Schengen y, para ellos, el visado Schengen carece de valor alguno. Sin embargo, en el caso especial de los familiares de ciudadanos comunitarios que residen legalmente en un país de la Unión Europea, no estaríamos hablando de la aplicación de la normativa del Acuerdo de Schengen, sino de la aplicación del Derecho Comunitario puro y duro, de los Tratados Constitutivos de la Unión Europea y de su acervo comunitario, un conjunto de normas que impiden la exigencia de visado a los ciudadanos de la Unión y a sus familiares para moverse dentro de las fronteras de la Unión Europea, incluidos el Reino Unido e Irlanda, ya que esos ciudadanos de la Unión y sus familiares estarían amparados por el Derecho Comunitario en igualdad de condiciones.

Pero la teoría está muy bien, aunque en la práctica nos encontramos con que las autoridades británicas y las irlandesas están exigiendo un visado especial para los familiares de ciudadanos de la Unión Europea, a pesar de que ello contraviene el Derecho Comunitario y sus principios, amparándose para ello en que esos países no forman parte del Espacio Schengen y que, por tanto, pueden exigir el visado familiar a los familiares de ciudadanos de la Unión Europea cuando esos familiares no ostentan la nacionalidad de un país de la Unión, algo que no debiera ser así por cuanto no estamos hablando en tales casos de personas que residen en la Unión Europea en virtud de un visado Schengen, sino que lo hacen porque se les concedió un visado Schengen para poder entrar en el Espacio Schengen para residir en él al ser familiares de ciudadanos de la Unión, siendo que, una vez establecidos en la Unión Europea les son reconocidos los mismos derechos que a cualquier ciudadano de la Unión (salvo los derechos políticos), incluidos los de libre circulación y establecimiento en cualquier país comunitario, incluidos el Reino Unido e Irlanda.

Ante la contundencia de lo señalado, las autoridades británicas argumentan que ellos no niegan ese derecho a la libre circulación y establecimiento para los familiares de ciudadanos de la Unión Europea que son nacionales de terceros países, sino que lo que ellos hacen es verificar que realmente se trata de familiares de ciudadanos de la Unión y que no se trata de un fraude, señalando que esos familiares entraron en el territorio de la Unión mediante un visado Schengen que ellos no reconocen, por lo que ellos no niegan esos derechos comunitarios que ostentan esos familiares de ciudadanos comunitarios, sino que de lo que se trata es de comprobar que realmente ostentan tal condición, algo que las autoridades británicas no pueden verificar hasta que no tramiten la concesión de un visado especial distinto al visado Schengen que, como hemos indicado, no les vincula a estar fuera del Espacio Schengen. Realmente se trata de una argumentación algo enrevesada, pero jurídicamente impecable que justifica en que las autoridades británicas (y también las irlandesas) vengan exigiendo visado a los familiares de ciudadanos comunitarios que residen legalmente en cualquier país de la Unión Europea, aún cuando, como en el caso de los que residen en España ostenten y exhiban un NIE de régimen comunitario, un documento que tampoco reconocen las autoridades británicas, señalando que el único documento que ellos reconocen es el pasaporte en el que esté estampado el visado otorgado por ellos.

Sin embargo, también hay que señalar que, en la práctica, nos encontramos con casos de familiares de ciudadanos de la Unión Europea a los que, curiosamente, a pesar de no ser nacionales de ningún país comunitario, las autoridades británicas no les exigen visado, casos que son excepcionales pero que existen, sin que nadie sepa cuál es el criterio por el que las autoridades británicas no lo exigen en tales casos. En cualquier caso, lo que debe quedar claro es que, como regla general, si no se es nacional de un país de la Unión Europea, aunque se sea familiar de ciudadano comunitario y se resida legalmente en la Unión, las autoridades británicas (y también las irlandesas) nos van a exigir el visado familiar para poder viajar al Reino Unido, por lo que recordamos que siempre, antes de viajar, nos pongamos en contacto con el correspondiente Consulado Británico o visitemos la página de la “UK Border Agency” para informarnos y, en su caso, tramitar el correspondiente visado para poder viajar y no llevarnos una sorpresa desagradable que eche por tierra nuestro viaje y el dinero invertido.

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¿Es seguro viajar a México?

Si hace algunas semanas nos planteábamos la cuestión de si era seguro viajar a Marruecos, ahora nos lo preguntamos con respecto a México. Ciertamente no se trata de situaciones comparables, ya que en el caso de Marruecos existen una serie de problemas de seguridad de naturaleza bien diferente al caso de México, especialmente en lo relativo a la posibilidad de atentados terroristas, posibilidad que no existe en estos momentos en el país azteca, siendo su mayor preocupación, sin embargo, la ola de violencia que se ha desatado como consecuencia de la guerra abierta entre el Gobierno de Vicente Calderón contra las mafias del narcotráfico.

Obviamente México, al igual que Marruecos, comparte una serie de problemas de seguridad ciudadana que se pueden considerar como crónicos, enquistados en su sociedad y que forman parte de los riesgos que existen a la hora de viajar a esos países, como es el caso, por ejemplo, de la pequeña delincuencia y hurtos a turistas. sin embargo, aquí nos referimos a los grandes problemas de seguridad ciudadana que pueden llegar a afectar a la integridad física de quienes viajan a estos países, que en el caso de México comienzan a ser alarmantes por la intensidad de los mismos y el carácter bárbaro que muchas veces adquieren, si bien, todavía no han afectado en los últimos meses a ningún turista, algo que, sin embargo, no debería descartarse en un futuro.

Efectivamente, hace unos días a todos alarmaba el ataque mediante cócteles molotov a un club de Cancún, ataque en el que murieron ocho personas, seis mujeres y dos hombres que se encontraban en el interior del local (una especie de club social que contaba con servicios varios como un balneario), y que parece responder a un ajuste de cuentas entre extorsionadores y extorsionados (en este caso el club “Castillo del Mar”, el cual, hace unos días, había sido víctima de extorsiones por parte del cartel de los “Zetas”). Ninguna de las víctimas era turista y, además, el ataque se produjo fuera de la zona hotelera, pero el nombre de Cancún asociado a este tipo de ataques comienza a ser preocupante y, sin duda, a muchos puede hacer plantearse este lugar paradisíaco como destino turístico.

El sector hotelero de la zona se ha apresurado a manifestar que se trata de un hecho puntual sin trascendencia para la actividad turística de la zona, aunque, sin embargo, otras voces manifiestan que los narcos se están acercando cada vez más a las grandes zonas turísticas, un terreno que hasta ahora tenían vedado por la fuerte presencia policial en estas zonas y el interés de las autoridades mexicanas por proteger una de las fuentes de ingresos más importantes del país, siendo un ejemplo de este avance hacia las zonas turísticas por parte de los narcos el ataque con una granada de hace varias semanas en un local de ocio de Puerto Vallarta, ataque en el que murió una persona y una veintena de personas resultaron heridas, esta vez sí turistas. Realmente, estas otras voces que advierten sobre el avance de los narcos en zonas turísticas resultan inquietantes, más aún si en esta escalada de violencia los carteles de la droga decidieran poner en jaque a la economía mexicana atacando a la “joya de la corona” que es el turismo para aquel país.

En cualquier caso, la situación por ahora no parece preocupante en exceso, pero es conveniente seguir el curso de los acontecimientos si se tiene programado visitar alguna de las zonas especialmente turísticas de México e informarse convenientemente visitando, por ejemplo, la página del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación español, donde se encontrará información sobre las prevenciones y medidas de seguridad a la hora de viajar a aquel país que puede resultar muy útil, especialmente si se viaja a las zonas donde se concentran las disputas entre carteles de la droga, zonas que, por ahora, están bastante alejadas de los grandes centros turísticos.