Los impenetrables lugares sagrados del Islam

Dejamos atrás la fiesta de “Aid El Kebir” musulmana (“La Gran Fiesta”), una celebración en la que se conmemora el avasallamiento de Abraham a Dios, quien le ordenó sacrificar a su propio hijo Ismael para probar su sumisión a Dios. Esta celebración, la más importante del Islam, es un buen motivo para hacer un recorrido por los lugares más sagrados de esta religión, lugares venerados y llenos de significado para los musulmanes, lugares místicos llenos de encanto que, de poder visitarse por los no muslmanes, supondría una oportunidad única en la vida para adentrarnos en las entrañas mismas del Islam.

Conocido por todos, el lugar más sagrado para el Islam es La Meca, la ciudad Saudí a donde los musulmanes tienen que peregrinar por lo menos una vez en la vida y que vio nacer al Profeta Mahoma. Visitada cada año por millones de peregrinos, La Meca constituye la ciudad más santa para los musulmanes, el lugar que alberga la “Kaaba” o “Casa de Dios”, la cual, a su vez, custodia el objeto más sagrado para los musulmanes: “La Piedra Negra”.

Efectivamente, La Meca es la ciudad sagrada más visitada por los musulmanes, especialmente el “Du l-hiyya” o “el de la peregrinación”, que es el duodécimo mes del calendario musulmán y en el que los musulmanes peregrinan a La Meca, siendo el décimo día de ese mes cuando los musulmanes celebran el “Aid El Kebir” o “La Gran Fiesta” o “Fiesta del cordero”, en la que se sacrifican corderos en conmemoración del que sacrificó Abraham en lugar de su hijo Ismael por orden divina. Este mes varía a lo largo de los años, ya que el calendario musulmán es lunar, a diferencia de lo que ocurre con el gregoriano, siendo que este año el “Du l-hiyya” viene a coincidir con nuestro mes de noviembre.

Esa peregrinación (“Hajj”) es masiva durante este mes, peregrinación que deben realizar los musulmanes al menos una vez en la vida, siempre que la salud y los recursos económicos lo permitan, con el objetivo de cumplir con el rito del “Tawaf”, el cual consiste en caminar a la izquierda alrededor de la “Kaaba” siete veces, ataviados de túnicas blancas sin costuras, intentando tocar y besar “La Piedra Negra” siete veces. Este ritual constituye todo un espectáculo visual en el que oleadas de creyentes giran en torno al cubo negro que es la “Kaaba”, un antiguo edificio de piedra cubierto de una tela negra bordada en oro hacia el cual (“Alquibla”) todos los musulmanes oran cinco veces al día y que custodia la tan deseada “Piedra Negra” enmarcada en su brillante marco de plata, evocando al mismísimo ojo de Dios, siempre vigilante.

La “Kaaba” y la “Piedra Negra” se encuentran ubicadas en el centro de la explanada circular de mármol (“mataf”) de “Masjid al-Haram”, la mezquita más grande del Mundo y el primer lugar santo del Islam. Esta mezquita data del año 638, cuando el aumento de los musulmanes llevó al califa Umar ibn al-Jattab a ampliar el lugar, si bien, a lo largo de los siglos, ha ido experimentando modificaciones, datando la actual estructura de 1570.

A pocos metros de la “Kaaba” se encuentra el “Pozo de Zamzam”, otro lugar sagrado para el Islam. Se dice que este pozo fue abierto por el Ángel Gabriel, para salvar a Agar y a su hijo Ismael de morir de sed en el desierto, por lo que se le conoce también con el nombre de “Pozo de Ismael”. Todos los musulmanes que peregrinan hasta La Meca recogen agua de este pozo de 35 metros de profundidad para llevarla a sus lugares de origen, y procuran sumergir en sus aguas el sudario con el que serán amortajados cuando mueran.

Otros de los lugares sagrados para el Islam son la población de Mina y el Monte Arafat. Estos dos lugares son visitados por los peregrinos que viajan a La Meca: en Mina se encuentra un muro de 26 metros que representa al diablo, al cual los musulmanes apedrean lapidándolo; después de Mina, los peregrinos visitan el Monte Arafat, de 70 metros de altura, lugar destinado a la oración y donde se cree que fue donde el Profeta Mahoma pronunció su discurso final.

Después de La Meca, el segundo lugar más sagrado para los musulmanes es la ciudad también saudí de Medina, situada, como La Meca, en la región de Hiyaz. Medina debe su carácter sagrado por el hecho de que Mahoma, cuando huyó de La Meca, recibió en ella refugio y su mensaje fue escuchado. En esta ciudad está enterrado Mahoma, de ahí que también sea ciudad de peregrinaje para los musulmanes; precisamente fue enterrado en el patio de lo que fue su casa, lugar en el que ahora se alza la “Mezquita del Profeta” o “Masjid Nabawi”.

A diferencia de lo que ocurre con La Meca, algunas zonas de Medina sí son visitables, no así su parte central, cuyo acceso a los no musulmanes está totalmente prohibida, penándose incluso la infracción de esta prohibición con penas de prisión, por lo que los viajeros han de tener sumo cuidado si deciden visitar esta ciudad.

En Medina es indispensable visitar la ya mencionada “Mezquita del Profeta” o “Masjid Nabawi”, lugar en el que está enterrado Mahoma, estando el acceso al mismo, obviamente, vetado para los no muslmanes, aunque sí son visitables los lugares de descanso de algunos mártires del Islam. En los alrededores de la Mezquita nos vamos a encontrar con una amplia oferta para el turista, como tiendas, restaurantes y hoteles, siendo, además, uno de los lugares más seguros del Islam para el viajero occidental.

Medina, además de ser el lugar desde el cual Mahoma inició la primera peregrinación a La Meca (“Hajj”), tiene una importancia vital en la Historia del nacimiento y desarrollo posterior del Islam. Efectivamente, aquí fue donde Mahoma encontró refugio, expulsado de la ciudad politeísta de La Meca (iniciando así la “hiyra” o migración que dará el nombre al primer año del calendario musulmán como “Año de la Hégira”), pero, además, en Medina (por aquel entonces llamada Yatrib), Mahoma reunirá a su primer grupo de seguidores, construyendo en las inmediaciones de la ciudad la “Mezquita de Quba”, la cual será la primera mezquita cuyo modelo arquitectónico (con un edificio precedido de un gran patio) sirvió en lo sucesivo como modelo para la construcción de las mezquitas.

Finalmente, el tercer pilar sagrado sobre el que se asienta el Islam es la Mezquita de “Al-Aqsa”, cuyo nombre se podría traducir como el de “Mezquita Lejana”, denominación que se debe al Corán, en concreto a su capítulo llamado “El trabajo nocturno”,donde se dice que Mahoma viaja de La Meca a la “mezquita más lejana” para subir al cielo, de ahí que esta Mezquita sea el tercer lugar más sagrado para los musulmanes.

Efectivamente, la tradición musulmana establece que el Profeta Mahoma subió al Cielo desde la actual “Explanada de las Mezquitas” de Jerusalén el 621 d. C., lugar en el que se ubica la Mezquita de “Al-Aqsa”, la cual, a su vez, fue construida sobre las ruinas del “Templo de Salomón”. Y es en la llamada “Explanada de las Mezquitas” donde se encuentra la “Cúpula de la Roca”, uno de los lugares más representativos de Jerusalén que alberga en su interior la piedra sobre la que Abraham se dispuso a sacrificar a su hijo (Ismael, y no Isaac, según el Corán); desde esa misma piedra fue elevado Mahoma al Cielo, según la tradición musulmana. La “Explanada de las Mezquitas” es visitable por los no musulmanes, pero no así la Mezquita de “Al-Aqsa”.

Precisamente una de las causas de la tensión entre judíos y musulmanes con respecto a Jerusalén se centra en la ubicación de la Mezquita de “Al-Aqsa”, la cual se asienta sobre las ruinas del Templo de Salomón, cuyo único vestigio es el llamado “Muro de las Lamentaciones”, un lugar sagrado para ambas religiones imposible de compartir y al que actualmente los judíos tienen vetado el acceso por ser el tercer lugar más sagrado del Islam.

Como hemos visto, las entrañas mismas del Islam resultan impenetrables para los no musulmanes, lugares prohibidos en los que concentran las esencias de una religión que siempre resulta inhóspita para los occidentales, casi hostil, celosa siempre de sus más sagradas reliquias y tradiciones, de sus lugares santos, vetados siempre a quienes se acercan a ellos para, simplemente, satisfacer su curiosidad.